sábado 20 de junio de 2009

Sin editar

Luego de leer las últimas entradas de A.A, S. S y C.A,
en sus respectivos blogs. Me han quedado muchas ideas dando vueltas.
He sacado muchas conclusiones. Y, además, estos textos,
me han ayudado a formarme mi propia opinión. Sobre muchas cosas.
En fin. Creo que todo se resume en algo así:

Por lo general suelo leer lo que escribo una vez que he acabo.
Ahora, no sé por qué, he disidido no hacerlo. Esto no será pulido.
De todas formas , creo que la verdadera escritura
es la que nace en el primer impulso.
Esa extraña obligación que te llama
a acercarte al papel, o al teclado.
Como una droga en la que tarde o temprano, caes.
Y te absorbe.

Por todo aquello, pienso que el primer pensamiento,
el primer aliento de lo que, quizá, puede llegar a transformarse en una
aventura de largo aliento, o en otros casos de breve, no es lo realmente importante.
Creo que su dimensión no es lo fundamental,
la escritura simplemente es lo que es. Algo abstracto, inclasificable.
Eso creo.

Mi primer acercamiento a la literatura,
se produjo en 1999 -año que ahora parece tan lejano-
Casi como un antiguo sueño trasnochado.
O una novela que leí, hace mucho,
y de la que sólo guardo fragmentos de la trama total.
Pero los recuerdo. Aún ahora.

Antofagasta; estudiando periodismo, conociendo gente.
Viviendo la vida que, se supone, es la época inolvidable.
La edad en la que estamos más abiertos
a hacer pasar al mundo a nuestra casa...
aprender, disfrutar. A comenzar, no sabemos qué, pero a comenzar.

En fin.
Allá, en Antofagasta, fue mi primer acercamiento a la
lectura y escritura de verdad, pero de una nueva manera.
De una forma visceral.

No sé cuándo todo acabará.
Pero, y en respuesta a lo acabo de leer de C.A,
sobre si la literatura salva o no. Le respondería que sí.
La literatura sí salva, C.A.

Par finalizar, es un deber agradecer a aquellos que,
con el amor de un verdadero amigo ,
me incentivaron a leer y escribir.

Gracias querido C.D, K.B y sobretodo, A.A
amigo que aún se ha mantenido ahí - a pesar de la distancia-
y, por supuesto, a otro nuevo camarada,
mi querido joven gran amigo S.S

Ahora, pienso que lo mejor es dejar este mensaje hasta aquí.
Sin editar.

Pd/Advertencia: Esta historia corresponde a la realidad
pero, como sabemos, lo real, en la literatura, suele ser ficcionado.

martes 9 de junio de 2009

Reunión de ciegos

Los ciego, al darse cuenta de lo postergados que iban quedando en esta sociedad,
decidieron revelarse ante lo que para ellos era una injusticia. Entonces,
los ciegos se agruparon para determinar juntos, como una cofradía, cómo enfrentarían
a la sociedad de videntes. Lo que frente a sus ojos se había transformado
ya en algo sin solución, sólo podía ser combatido mediante la fuerza. Para ellos,
los videntes eran ya el enemigo, y debían entablar una guerra en su contra.

Unidos, los casi 2000 ciegos discutían el plan y las acciones a seguir;
su estrategia de ataque. Sin embargo, las opiniones eran tantas y
tan diversas, y el caos era tal que todo acabó en una monumental gresca.
Los ciegos ahora se peleaban entre sí.

Usando sus bastones como armas, empuñándolos y batiéndolos como espadas
se golpearon si tregua. la gran mayoría no acertaba los golpes, otros
simplemente no sabían a qué golpeaban.

Finalmente todos se tranquilizaron. Sentados ya, más tranquilos,
comenzaron a meditar. Finalmente, abrieron sus ojos fijando sus
blancas e inútiles pupilas en el infinito horizonte de la oscuridad,
y se dieron cuenta de que no tenían nada que hacer. Jamás podrían
sublevarse al poder de los videntes, pues la diversidad de su
puntos de vista era simplemente insalvable.

lunes 18 de mayo de 2009

Gracias por el fuego, don Mario

Ayer, domingo 17 de mayo murió uno de mis escritores más queridos. Un hombre que vivió la literatura hasta el fin. Un hombre que luchó por la libertad. Un hombre con rostro afable y sonrisa fácil. Un escritor que jamás callará. El legado de Benedetti permanecerá por siempre.
Benedetti; un deleite inmortal. Acá uno de mis cuentos favoritos.





La noche de los feos



1
Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia.Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro.Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos -de la mano o del brazo- tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y crispadas.Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de su pómulo con la garantía de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida. Ella no se sonrojó. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección con una ojeada minuciosa a la zona lisa, brillante, sin barba, de mi vieja quemadura.Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas. Ella no podía mirarme, pero yo, aun en la penumbra, podía distinguir su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada. Era la oreja de su lado normal.Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas bellezas del rudo héroe y la suave heroína. Por lo menos yo he sido siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para mi rostro y a veces para Dios. También para el rostro de otros feos, de otros espantajos. Quizá debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura en la frente.La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le hablé. Cuando se detuvo y me miró, tuve la impresión de que vacilaba. La invité a que charláramos un rato en un café o una confitería. De pronto aceptó.La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una mesa. A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza, ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente, milagrosamente simétrico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas constituyen en sí mismas un espectáculos mayor, poco menos que coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno (o una) de esos bien parecidos con quienes merece compartirse el mundo.Nos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso también me gustó) para sacar del bolso su espejito y arreglarse el pelo. Su lindo pelo."¿Qué está pensando?", pregunté.Ella guardó el espejo y sonrió. El pozo de la mejilla cambió de forma."Un lugar común", dijo. "Tal para cual".Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para justificar la prolongada permanencia. De pronto me di cuenta de que tanto ella como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente que amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi equivalente de la hipocresía. Decidí tirarme a fondo."Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?""Sí", dijo, todavía mirándome."Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa, irremisiblemente estúpida.""Sí."Por primera vez no pudo sostener mi mirada."Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo.""¿Algo cómo qué?""Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como quiera, pero hay una posibilidad."Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas."Prométame no tomarme como un chiflado."
"Prometo."
"La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiende?"
"No."
"¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?"Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata."Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca."Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico."Vamos", dijo.
2
No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi lado ella respiraba. Y no era una respiración afanosa. No quiso que la ayudara a desvestirse.Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta de que ahora estaba inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta hallar su pecho. Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así vi su vientre, su sexo. Sus manos también me vieron.En ese instante comprendí que debía arrancarme (y arrancarla) de aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar. Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso.Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En realidad mis dedos (al principio un poco temblorosos, luego progresivamente serenos) pasaron muchas veces sobre sus lágrimas.Entonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra.Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y descorrí la cortina doble.

jueves 7 de mayo de 2009

60 watts: iluminando lecturas


Visite la nueva revista http://www.60watts.net/
Interesantes artículos, crónicas, críticas, traducciónes y entrevistas.

martes 5 de mayo de 2009

Mal entendido

Disculpe señorita
no quise tocarla ahí
no pensé que le causaría espasmos

Usted debe entender
que todo ha sido
un mal entendido

Pero ¡qué digo!
Sí, quiero tocarla
pero nunca pensé
que mi temblor endurecido
no sería correspondido

Gracias por venir

El salón está copado
de pájaros hurgando
los cuerpos despreocupados

Aún nadie ha reparado
en que todo ya ha acabado y
los pájaros negros
circundan animados
volando en círculos
embelesados
ansiosos
pero en ellos nadie ha reparado

El salón se va desalojando
nuevos contertulios se van sumando

Un pájaro se me acerca
me picotea me persigue
me susurra
que mi lugar ya ha sido tomado

he sido reemplazado

martes 14 de abril de 2009

Lujuria

Voy en contra
de lo que se recomienda
de lo ya establecido

Por personeros
para mí ajenos

ellos que visten sotanas
y que portan ostentosas medallas
que premian su fe
su pureza
su verdad

y te tomo por las caderas
y te acerco
y aprieto tus nalgas
y te penetro

Entonces siento a Dios
y creo estar en el paraíso

martes 3 de marzo de 2009

Los colores del arco iris (o lo que dejó el 2008)

Marzo, pero aún continúa la resaca del 2008. Entonces, un resumen, lo que dejó y lo que, creo, perdurará.

17:59 hrs.: Verano en Santiago, bordean los 33º. Un calor horrible. Hoy no hay mucho que hacer más que dejar pasar las horas, cansinamente, una tras otras, en medio de este letargo, de este aire espeso, pesado, propio de la asfixiante atmósfera en que sucumbe Santiago.
¿Qué hacer? Una cerveza helada nunca está demás. Y ahora, más que nunca, se vislumbra casi como un elixir de salvación. Miro por la ventana y veo cómo la luz que queda del día aún encandila, el pavimento brilla y el semblante de la gente que aún permanece aquí, atada a sus trabajos, y que gasta el suelo de la capital, día tras día, luce sombrío. Sus rostros sudorosos piden un descanso, una tregua, pero el calor y la necesidad no perdonan.
Voy entonces por la bendita cerveza, la abro, corro la ventana, tomo palco y busco una brisa que me refresque la memoria. Entonces pienso en todo lo que ya pasó. Pienso en cómo se esfumó el 2008 y lo que dejó. Entonces intento, casi a modo de testamento, rescatar lo que más recuerdo. Lo que ahora todavía perdura. Hay cosas que sobresalen con brillo propio.
Qué extraño el 2008. Prefiero no entrar en detalles, pero para mí ha sido unos de los peores y más dolorosos años que recuerde. Sucesos vitales, muertes, partidas, despedidas, olvidos y lágrimas. Mientras, en el mundo real, Obama era electo como el primer presidente de color que llega a la Casa Blanca. Histórico, aunque no creo que este suceso cambie un ápice mi vida. Pero me uno a la felicidad colectiva, al clamor por un milagro. A estas alturas, no mucho más se puede desear, ¿no?
¿Cómo resumir el 2008? En la música y los libros hallo una vez más la respuesta. En marzo tuve la suerte de ver a Dylan, en vivo, casi a un metro de distancia. El gran Bob Dylan se presentaba con su estampa de leyenda viva, de héroe, de viejo crack. Un lujo. Inmenso Dylan. Sin embargo, no fue precisamente Dylan quien le puso el tinte particular al 2008. El genio encargado del soundtrack más melancólico y críptico que recuerde de los últimos años fue el muchacho de la cara caída y ojos tristes. Thom Yorke y su banda Radiohead. Los mismos que alguna vez sacudieron al mundo con la architocada “Creep”, ahora estaban de vuelta. Esta vez como una suerte de zombies, como sobrevivientes, o muertos en vida, conscientes y profundamente cuestionadores.
Pongo play, enciendo el ventilador y escucho, una vez más, el impresionante In Rainbows (2007) y mientras el suave viento golpea mi rostro, cierro los ojos y comienzo el viaje. Eso es In Rainbows: un viaje, un paseo por la oscuridad, por el horror, por la alegría y por la melancolía.
Al inicio del disco, la voz de Yorke susurra desde una lejanía innominada tiñendo todo de un tenue gris, que nubla el ánimo y que despierta preguntas.
Abro los ojos. Una gota de sudor cae por mi frente. Hace calor, pero no tengo fiebre. In Rainbows suena fuerte. Entonces me pregunto por qué, no por el clima, sino que por todo el resto. El por qué se hace eco en mi cabeza, y creo que al escuchar In Rainbows se acentúan las dudas. Me siento acompañado.
In Rainbows, un álbum que en su versión comercial tiene 10 canciones, más allá de los detalles, no cabe duda de que fue mi banda sonora del 2008. Desde la primera vez que lo escuché me dio la impresión de que por más soleado que fuesen los días, su música lo teñiría todo de un bello ocre.
Radiohead, los héroes británicos que gracias a discazos como The Bends (1995) y OK Computer (1997) se erigieron como portavoces de una generación desubicada, alienada y más llena de dudas que certezas, estaban de vuelta. Como sea, In Rainbows, como todos los trabajos de la banda de Oxford, es una obra que irá ganando con el tiempo, una vez que se asimile su impacto y herencia, pero cuya bofetada inicial no se diluye a medida que se escucha, siguiendo el viaje en espiral que sus melodías proponen.
Estamos ante un trabajo que amplía lo que su predecesor, Hail To The Thief (2003) ya anunciaba; Radiohead ha decidido profundizar en su raíces, desde el rock distorsionado de Pablo Honey (1993) hasta la angustia existencial de Ok Computer, pasando luego por la experimentación electrónica de Kid A (2000) y ahora creando una mezcla visceral con un sonido más humano, al que le añaden una poderosa sección rítmica. Del trabajo nacieron 10 joyas con diferentes texturas, matices y colores, que siempre dejan el mismo sabor de grandilocuencia en el paladar. Escuchar Radiohead es entrar en catarsis. Lo que sobresale en In Rainbows es la sensación, desde el inicio, de estar ante un disco perfecto, medido, redondo, preciso. La pluma de Yorke resalta como el rostro de la poesía que viene, de aquellos versos que cortan, hieren como navajas y que se asoman, pero que aún, tal vez por miedo a la contradicción, nadie ha escrito. Yorke sabe lo que quiere decir y cómo hacerlo. Usa las palabras justas e imprescindibles.
19:17 hrs.: In Rainbows sigue sonando, lo escucho una y otra vez. Busco el mensaje entre líneas, lo que aún no se ha dicho. Luego me doy cuenta de que no hay mucho más que añadir. La crítica ya ha hablado largamente sobre el disco. Entonces juego a la ficción. El año pasado deambulando por las librerías de Santiago Centro me topé con el libro El Cuento de mi Vida (Norma, 2008) del colombiano Andrés Caicedo (1951-1977). El diario de un suicida. Un texto recuperado de la oscuridad y que recién ahora ve la luz. Compuesto por anécdotas, relatos, crónicas y cartas personales, en su totalidad no supera las 110 páginas. Y con eso basta. En el relato, Caicedo construye una justificación a su dolor y, lo que más me asombró, logra convencer al lector de que su decisión no fue la errada. Simplemente, para él no había otra salida, no existía un final feliz.
Sobre él, Patricia Restrepo opina: “Yo pienso que Andrés tenía el horror por dentro. Andrés vivía en un mundo interior de mucho sufrimiento, de mucho temor, de mucho terror hacia la vida. Pienso que Andrés era una persona muy vulnerable y con mucho miedo, era como si estuviera en una burbuja de terror”. Caicedo vivió con una infinita melancolía.
Mientras In Rainbows sigue sonando, tomo el libro de Caicedo, miro su foto en la portada (un flaco alto, desgarbado, con una frente muy ancha, posando de pie y con su mano en los genitales) y me da la sensación de que algo esconde tras esa parada contestataria, tras esa sonrisa forzada. Caicedo en sí mismo encarna desazón. Entonces me doy cuenta: Caicedo y Yorke son similares y corroboro lo que un amigo me confesó como un anticipo: “A Caicedo le hubiese encantado Radiohead”.
A Caicedo hay que leerlo, creo que es necesario, hasta reconfortante. Es el lado B. Caicedo es el negativo de la belleza de la vida.
19: 45 hrs.: Dejo a Caicedo y me vuelvo a sumergir en In Rainbows. Lo escucho con detención e intento describir cada uno de sus capítulos. Pretendo descifrar su historia.
En esta crítica/relato/comentario dejaré a un lado todo lo que rodeó su lanzamiento, como los cambios en la industria y sus repercusiones, y dejaré que las impresiones que lega In Rainbows hablen, griten, susurren, asusten, empapen y duelan, por sí solas.
El set list del álbum lo componen:
15 Steps: Un tema con fuerza retenida. Inicia con tonos funkys donde los susurros de Yorke se dejan ver de a poco y cuando finalmente asoman lo hacen como un bálsamo dentro de un muy bien organizado caos electrónico. Luego se hace presente la guitarra de Jonny Greenwood, que se mezcla con la atmósfera hasta pasar casi desapercibida. Entonces, una especie de coro de niños gimiendo a los lejos despiden un melodía críptica y postmodernista
Bodysnatchers: Pura fuerza. La presencia de los Beatles más melódicos se hace notar al inicio para dar paso a un ligero matiz cercano a los Pumpkins del Ava Adore. Luego sigue la sicodelia pura que toma vuelo con la voz de Yorke y un eco del riff básico de guitarra distorsionada que recuerda un poco al blues.
Nude: Descanso. Por fin bajan las revoluciones. Es la eterna canción sin grabar, pues Radiohead la lleva tocando en vivo desde hace casi 9 años. Guarda bastantes similitudes a “Pyramid Song” (Amnesiac, 2001) en cuanto al ritmo de batería. Aquí la voz de Yorke es impecable junto a esa guitarra acústica a la que se le unen los coros. Una canción para des/enamorarse.
Weird Fishes/Arpeggi: Ser comido por extraños gusanos es lo que reza la principal estrofa. Es un tema post mortem. Una crónica del cadáver. Es una canción con arpegios (como su nombre lo indica) empapada de coros hipnóticos y absorbentes, un interludio que fluye con una batería y un bajo llenos de tristeza, y que continúa hasta el fin entre efectos de teclado que se mezclan con la voz de Yorke clamando: “Una vez que toque el fondo, escaparé”. Locura dentro de la locura.
All I Need: Si amas a alguien en dolor, este es el tema que le debes dedicar. Aparte de los sintetizadores y el implacable sonido del piano, la voz de Yorke es aquí el principal instrumento. Una oda al amor que carcome.
Faust Arp: Un tema que deja con ganas de más (apenas dura 2 minutos). Posee claras influencias folk, pero a la vez devela un tinte único y orquestal que roza lo barroco. Aquí está la prueba tangible de la capacidad musical de Radiohead para mezclar estilos musicales tan disímiles y salir airosos.
Reckoner: El orden y el caos convergen. Dentro de muchos sonidos de sintetizadores y acordes de guitarra precisos, la voz de Yorke parece ser la única respuesta a un tema que a veces sabe a laberinto.
House Of Cards: Todo comienza con la descarnada y honesta declaración de Yorke: “I don´t wanna be your friend, I just wanna be your lover” (No quiero ser tu amigo, sólo quiero ser tu amante). Luego la sigue una suave melodía que acompaña a esta afirmación brutal. La sugerente guitarra acústica genera una atmosfera de reconciliación, sin embargo, cuando el final asoma, se percibe que el mensaje ya está, y que por mucho que como telón de fondo persista un eco transparente y lleno de paz, la verdad ya dicha, aunque se niegue, prevalece.
Jigsawy Falling Into Place: Otro tema contundente y cuya fuerza va progresando poco a poco. Es una canción que perfectamente calzaba en Hail to the Thief, con el típico riff guitarrero que no llega a elevados niveles de distorsión. La batería y el nostálgico coro final te avisan que todo acaba.
Videotape: “This my way of saying good bye” (Esta es mi manera de decir adiós) dice Yorke en una de las estrofas. El broche de oro. Sobria, melancólica, dramática, sofisticada y, al mismo tiempo, simple. El piano y Thom Yorke se funden creando una balada íntima, personal. El fin ideal para un disco lleno de lágrimas, reflexiones y cuestionamientos. El cierre de un viaje pedregoso, duro e incierto. Así es In Rainbows, como la vida.
21:00 hrs.: Acabo de transcribir mi propio In Rainbows al papel. Ya el sol se ha escondido. Baja la temperatura. Lentamente se asoma la noche. Ya casi está oscuro. Devuelvo El Cuento de mi Vida a la biblioteca, para que descanse ahí, junto a los demás libros.
Presiono play y abro otra cerveza. In Rainbows vuelve a sonar. Lo disfruto. Olvido.
Radiohead vendrá a Chile por primera vez en marzo, me digo. Sonrío. Ha salido un arco iris.

jueves 5 de febrero de 2009

Palos de ciego

¡Oh, Dios!, cuán largo el camino
¿Por qué cuando se es niño no hay camino?

¡Oh, Dios!, ¿Por qué tanto dolor?
tanta hambre
tanto pavor

¡Oh, Dios!, ¿Porqué cuando te miro
escondes tu mirada en el infinito?
Dios, ¿por qué huyes?, traidor

Hoy doy palos de ciego
en la oscuridad
en el ocaso
en el horror

Y escribo
te llamo
te grito

te suplico

¡Oh, Dios!
hoy doy palos de ciego
para intentar hallarte
en el pánico onírico
de saberme vivo

jueves 15 de enero de 2009

Treinta Poéticas


Estimados:
Acaba de ser lanzado en España la antología Treinta Poéticas, bajo el sello editorial de Ediciones Lord Byron.

En el texto aparecen poetas de todo el mundo hispanohablante. Para mí es un honor ser el representate de Chile.
Lo que ha dicho la prensa española lo pueden chequear en los siguientes enlaces:
El texto se puede adquirir en librerias de Madrid y por la Web.