martes, 6 de noviembre de 2007

Vivan los muertos


De repente la gente dejó de morir, y la muerte murió.
Al comienzo, la gente se alegró, algunos rezaban dando gracias y otros lloraban de regocijo. Sin embargos, hubo muchos que la buena nueva les provocó una genuina pena. Los ancianos ya cansados de la vida sabían que permanecerían así para siempre, y los enfermos terminales sufrían aún más por sus dolores que serían eternos.

La muerte jamás cedió y la eutanasia obviamente era inviable.
Caos. En poco tiempo llegó el caos aprehendiendo aquel innominado pueblo, ese lugar exento de la muerte que jamás existió.
El escritor lo había logrado. Consiguió con su novela que todos sus lectores, es decir el total de la población que llegaron a la leer su obra para alcanzar la inmortalidad, lo convirtieran en multimillonario.
El novelista además produjo que la gente se cuestionara qué significaba la vida con la muerte intrínsecamente viva.
El caos era total. Las autoridades decidieron reunir a los habitantes más eruditos en diversas áreas para intentar llegar a una solución.
Así, el conclave -en un arranque parodijicamente absurdo-, decidió que el suicidio era la única salida a la vida sin muerte.
Una vez cargado el rifle, decidieron que ellos cinco deberían gatillar con sus propias manos el arma.
Uno a uno se pasó el rifle y procedieron a disparar. Sesos volaban por todas partes, formando un horrible escenario sanguinolento. Hasta que llegó el turno de un extraño sujeto que vestía un largo abrigo negro. En el momento en que se aprestaba a disparar, se detuvo, y observó a los demás volver, lentamente, regresar desde la muerte.
Sonriendo, escribió todo cuanto vio.
Así obtuvo el material para su segundo Best Seller.

2 comentarios:

Unknown dijo...

Gentil hombre de Molièr el absurdo es parte de la realidad, la muerte no existe, es un cambio la fe envuelve y el teatro ríe, pero la obra sigue.-

Interesante amigo mió

Vampi

Vicios y literatura dijo...

Me imagino, entonces, que no sólo los 4 sujetos se entregaron al suicido, sino la población completa (porque, qué diablos es la vida sin el único regocijo que vale la pena: dejarla). Ahí el escenario se transforma en una película de zombies, incluso una snuff movie filmada desde todos los ángulos posibles. Cine B. Puro y duro.

Abrazos querido amigo;

Simón.