
A mi pesar, jamás he entendido nada. Sin embargo, y curiosamente, entiendo perfectamente lo que ahora escribo. Aunque nunca he logrado entender por qué estoy vivo ni menos por qué algún día moriré, aunque jamás he entendido nunca nada, he intentado seguir adelante buscando y, afortunadamente encontrando siempre en la literatura, y paradójicamente en lo más absurdo que de ella se desprende, el "sin - sentido" de este mundo. Muchos escritores han abarcado genialmente el tópico del absurdo. Sin ir más lejos, una de la más ricas novelas escritas, me refiero a "El Quijote", es al mismo tiempo, una de las más absurdas que ha existido.
Raymond Carver por su parte siempre jugó, en sus cuentos/relatos acerca de todo aquello que sabemos existe, pero que simplemente no logramos comprender, pero que aún así, lo asimilamos y casi entendemos, sin mayores aspavientos. Sin cuestionamientos.
¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?, uno de sus libros que lleva el título de uno de sus cuentos más emblemáticos, trata precisamente sobre lo absurda que son las relaciones de pareja, pero desnudando lo necesario que se nos hace tener a otro a nuestro lado.
En fin. La vida en sí es un completo y total juego absurdo. Pero quizá, en esa misma característica, radique su gracia, pues es tan increíblemente increíble, que nos da hasta risa. Ahora leo Aunque no entendamos nada, una suerte de ensayo de Enrique Vila-Matas y me doy cuenta que en realidad de nada me doy cuenta. Claro, el sol brilla de día, la luna se asoma en la noche, ¿y?, o acaso ¿no sería completamente verosímil el mismo efecto invertido pero ya asimilado. Es decir, que cuando asome la luna lo llamáramos día y vice versa?.
La vida es un total y completo absurdo, pero ahí radica la gracia que tiene.
El argentino César Aira cuenta la siguiente anécdota sobre lo Incomprensible: En 1840, cuando se publicó el primer poema de Browning, Sordello, provocó un gigante remezón entre los lectores porque se resistían no ya a su interpretación sino a su entendimiento más elemental. Era como si estuviera en Chino, y todos querían leerlo, todos abarrotaban las librerías para comprarlo. Despertó un entusiasmo que jamás hubiese logrado un libro escrito realmente en chino. Según parece, un hombre enfermo, lector comprometido, en las postrimerías de su vida, ya en su lecho de muerte, supo de la aparición de Sordello y de su creciente fama de incomprensible, y evidenció un inmenso deseo de conocerlo, entonces su mujer compró el libro y le leyó el poema, el famoso Sordello. Sus últimas palabras (pues irónicamente murió casi inmediatamente después de haberlo escuchado) fueron: ¡No entendí nada, pero nada!. Hoy se especula si su muerte fue a causa de la desesperación o precisamente lo inverso, si en realidad murió de esperanza. Tal vez, lo que realmente quiso decir haya sido: ¡Por fin no entendí algo!.
A pesar de todo aún no acabo de entender qué me motiva a escribir. No logro decifrar el por qué de tantas cosas. Es cierto; la literatura ha sido una buena brújula, pero aún así, la verdad no sé. Sé que seguiré escribiendo, sé que seguiré leyendo, claro está, en la medida que mi cuerpo/vida me lo permitan.
Pero sí estoy completamente seguro de algo: al igual que el hombre que leyó Sordello y no logró comprender nada, yo jamás, por mucho que lea y escriba, lograré entender nada.
OK, lo reconozco, yo no entiendo nada. Y tú, acaso ¿entiendes algo?.
Raymond Carver por su parte siempre jugó, en sus cuentos/relatos acerca de todo aquello que sabemos existe, pero que simplemente no logramos comprender, pero que aún así, lo asimilamos y casi entendemos, sin mayores aspavientos. Sin cuestionamientos.
¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?, uno de sus libros que lleva el título de uno de sus cuentos más emblemáticos, trata precisamente sobre lo absurda que son las relaciones de pareja, pero desnudando lo necesario que se nos hace tener a otro a nuestro lado.
En fin. La vida en sí es un completo y total juego absurdo. Pero quizá, en esa misma característica, radique su gracia, pues es tan increíblemente increíble, que nos da hasta risa. Ahora leo Aunque no entendamos nada, una suerte de ensayo de Enrique Vila-Matas y me doy cuenta que en realidad de nada me doy cuenta. Claro, el sol brilla de día, la luna se asoma en la noche, ¿y?, o acaso ¿no sería completamente verosímil el mismo efecto invertido pero ya asimilado. Es decir, que cuando asome la luna lo llamáramos día y vice versa?.
La vida es un total y completo absurdo, pero ahí radica la gracia que tiene.
El argentino César Aira cuenta la siguiente anécdota sobre lo Incomprensible: En 1840, cuando se publicó el primer poema de Browning, Sordello, provocó un gigante remezón entre los lectores porque se resistían no ya a su interpretación sino a su entendimiento más elemental. Era como si estuviera en Chino, y todos querían leerlo, todos abarrotaban las librerías para comprarlo. Despertó un entusiasmo que jamás hubiese logrado un libro escrito realmente en chino. Según parece, un hombre enfermo, lector comprometido, en las postrimerías de su vida, ya en su lecho de muerte, supo de la aparición de Sordello y de su creciente fama de incomprensible, y evidenció un inmenso deseo de conocerlo, entonces su mujer compró el libro y le leyó el poema, el famoso Sordello. Sus últimas palabras (pues irónicamente murió casi inmediatamente después de haberlo escuchado) fueron: ¡No entendí nada, pero nada!. Hoy se especula si su muerte fue a causa de la desesperación o precisamente lo inverso, si en realidad murió de esperanza. Tal vez, lo que realmente quiso decir haya sido: ¡Por fin no entendí algo!.
A pesar de todo aún no acabo de entender qué me motiva a escribir. No logro decifrar el por qué de tantas cosas. Es cierto; la literatura ha sido una buena brújula, pero aún así, la verdad no sé. Sé que seguiré escribiendo, sé que seguiré leyendo, claro está, en la medida que mi cuerpo/vida me lo permitan.
Pero sí estoy completamente seguro de algo: al igual que el hombre que leyó Sordello y no logró comprender nada, yo jamás, por mucho que lea y escriba, lograré entender nada.
OK, lo reconozco, yo no entiendo nada. Y tú, acaso ¿entiendes algo?.

1 comentario:
Tampoco, nada de nada... y claro; supongo que el que cree entenderlo todo tampoco escribe, lo mismo para el que no entiende nada pero tiene la esperanza (absurda) de que algún día encontrará la respuesta (salvadora).
Publicar un comentario