El azar. Buena palabra, ahorra muchas explicaciones. Al menos eso expresa el español Javier Cercas en su novela El vientre de la ballena, una historia llena de dolor y muchas costras, magulladuras y una que otra leve mejora . Cercas es uno de los buenos escritores de la lengua hispana contemporánea. Me recuerda a mí en el futuro. ¡qué!, pues sí. Creo que yo sería alguien como Cercas. Un hombre lleno de dudas y circulares interrogantes, pero sé que siempre se me ocurrirían potenciales repuestas para cada una de ellas.
Ya lo he mencionado antes; espero ser escritor. Es mi gran meta, tal vez la única. Ayer, al verme muy atribulado, un amigo me preguntó con un dejo de molestia por mi constante conducta derrotista: ¿cómo cresta serías feliz?, pues le respondía algo así: La felicidad es para mí un estado momentáneo. Creemos ser felices pero en realidad nunca lo hemos sido, sino que simplemente lo estamos, atravesamos este curioso estado de ebriedad y euforia, que luego decanta en la risa, y termina, como todo, en el cansancio, tal como el efecto de la pena. Pero he ahí lo importante. Para saber qué es la felicidad o la pena, debemos tener la experiencia de haber pasado por lo opuesto. Es decir, por ejemplo, estoy feliz porque sé cómo es la pena. Pero hay algo insondable, algo que no tiene parangón ni antónimo; el dolor. ¿Cómo zafar de su impertinente y omnipresente permanenecia? simplemente es imposible, al menos lo podemos intentar, aunque de seguro un fuerte costalazo nos espera. Sólo resta ver si en la caída libre, por azar, nos topamos con algo bueno. Tan extraordinario como una buena anestesia de la realidad.
Pd: ojo con El hombre imaginario del gran Nicanor Parra.
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Hace 1 día

2 comentarios:
De acuerdo, y es una gran ironía ten que acceder al conocimiento del mundo a través de los opuestos, pero también están los matices en sus diversos grados, entre un extremo y otro. Sería una lástima quedarnos sólo con la experiencia de los matices para mantener nuestras vidas en calma, estables y perdernos la posibilidad de sentir los contrastes, las intensidades, esas que nos impulsan a las gestas, a la épica, a la acción directa en la escritura. Si no tenemos el registro, entonces cómo lo expresamos.
Abrazos.
sí, la felicidad no es más que un estado momentáneo, sobre todo cuando aspiras a ser escritor.
Curioso como se generalizan estas emociones. A mí también me preguntan a diario cuándo dejaré mi actitud derrotista o si acaso no sé cómo ser feliz. La gente nunca entiende nada.
saludos, C
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